CURIOSIDADES

¿Cómo falsificó Steve Jobs el primer iPhone?

Con la posible excepción de la rueda, probablemente no hubo un invento más influyente que el iPhone. Desde la primera demostración de Steve Jobs, estaba claro que este pequeño bloque de circuitos y vidrio cambiaría el mundo. Pero tal vez no sería el caso si el teléfono se hubiera estrellado y quemado en el escenario, y casi lo hizo.

Más fallos que funciones

El mundo conocio por primera vez con el iPhone en 2007 cuando Steve Jobs demostró su poder en vivo en el escenario de la exposición de Macworld.

El iPhone no fue el primer teléfono inteligente, pero fue capaz de hacer cosas mucho más allá de sus predecesores.

También era simple e intuitivo de usar, un rompecabezas que la mayoría de los fabricantes de teléfonos se esforzaban por resolver en ese momento. El público tampoco necesitaba tomarle la palabra a Steve. A medida que avanzaba en su innovadora presentación, mostró exactamente lo que hacía con un modelo de trabajo real que tenia en la mano.

Sólo que eso no sucedió realmente. Macworld 2007 cayo seis meses antes de que el iPhone fuera lanzado, y en ese momento el teléfono tenía más fallos que una escopeta de feria.

En 2013, el ingeniero Andy Grignon reveló a la revista The New York Times lo arriesgado que fue esta demostración. Por supuesto, podría reproducir videos y música, pero no sin fallar. Podrías enviar un correo electrónico desde tu teléfono y luego navegar por Internet sin problemas, pero si intentas estas tareas al revés, el dispositivo podría convertirse en un ladrillo.

Y luego estaba el problema de la memoria. Las aplicaciones eran todavía nuevas… y enormes. Si había demasiadas funcionando al mismo tiempo, la memoria del teléfono se agotaba y el teléfono tenía que ser reiniciado.

De hecho, el Sr. Grignon dice que vio a Jobs practicar la presentación cientos de veces en los cinco días anteriores al show, y ni una sola vez salió sin un fallo que rompió su ilusión.

Entonces, ¿cómo fue la presentación tan bien?

Así fue como lo hizo: Lo fingió. Los ingenieros encontraron lo que llamaron “el camino dorado” – un cierto conjunto de tareas realizadas en un cierto orden y de una cierta manera que hizo que la cosa pareciera completamente funcional.

Por ejemplo, el truco con el correo electrónico antes de navegar por una Web fue uno de los pasos. En lo que respecta a la cuestión de la memoria, era simple. Acabo usando un montón de teléfonos diferentes. Cada vez que uno de ellos fallaba y tenía que reiniciarse, no lo hacia, simplemente introducía a escondidas un nuevo teléfono. Bingo.

Había otro problema, y cualquiera que haya estado en un congreso técnologico puede entenderlo. Cuando tienes un montón de competidores en la misma sala, todos conectados, todos tratando de mostrar su nuevo equipo había una perdida brutal del ancho de banda de Internet.

Y el iPhone no podía ir lento con toda esta gente esté mirando. Así que Jobs hizo un trato con AT&T, la única compañía que apoyaba el iPhone en ese momento – ellos proveerían una torre celular portátil a la que sólo los teléfonos en el escenario podrían acceder, para que la presentación pudiera ir a una velocidad (relativamente) vertiginosa. La última pieza del rompecabezas era asegurarse de que los teléfonos siempre mostraran una conexión de cinco barras, sin importar cuántas barras tuvieran.

Fue una estrategia bastante brillante y absolutamente retorcida. Pero funcionó. Y lo que es más sorprendente, seis meses después, el teléfono seguía funcionando.

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